sábado, 1 de mayo de 2010

Gabriela Laperrière de Coni


Gabriela de Laperrière de Coni nació en Burdeos en 1886. Descendiente de una familia noble, cursó estudios religiosos en su ciudad natal, desplazándose en su adolescencia a vivir con su familia en París. Poco sabemos de su vida antes de su llegada a la Argentina, apenas que se desempeñó como redactora de dos diarios parisinos y que contrajo matrimonio con un Sr. Menjou, con cuyo apellido ella firma algunos de sus trabajos lierarios. En el París de fin de siglo conoce al Dr. Emilio R. Coni, joven médico argentino que se encuentra en esa ciudad completando sus estudios. En Emilio Coni encuentra el compañero para los más fértiles años de su breve vida y se une a él saltando las prohibiciones de su clase. El interés científico de su marido en la higiene pública y la lucha contra las enfermedades transmisibles ayudó seguramente a ahondar sus difusas preocupaciones por la cuestión social. Su llegada al Buenos Aires del 900 le brindaría la oportunidad de registrar experiencias y vivencias que iban a transformar sus inquietudes, idealistas y humanitarias, en una definida militancia socialista-feminista. Las huellas de ese impacto se reflejan claramente en su obra literaria, que va paulatinamente abriendo camino a la obra testimonial de la activista comprometida. Si gracias a la primera podemos reconstruir algunos detalles de su esquiva biografía, la segunda nos permite componer un testimonio que da cuenta de las condiciones del conjunto de los trabajadores y, entre éstos, del grupo más explotado, integrado por mujeres y niños.
Aun en la parte de su obra considerada más literaria aparecen con fuerza los elementos testimoniales . En el año 1901 publica en París la Fleur de l’air subtitulada “Roman argentin” que describe la clase política desde la Revolución Radical del año 1890 en adelante; sus personajes son los principales actores del panorama político del momento, disimulados bajo nombres supuestos, aunque fácilmente identificables para sus contemporáneos y para los estudiosos del período. Constituye una novela autobiográfica, escrita en una clave accesible para el público culto.

Su producción literaria se completa con una serie de cuentos sobre niños, publicada en francés con el título de Ames d’enfants, en el año 1907. Posteriormente es traducido al español y editado en Buenos Aires bajo el título Alma de niño. Por último, debe consignarse la traducción al francés de la obra Painé y la dinastía de los zorros, de Estanislao Zeballos, editada en París en 1890.
Su obra política, doctrinaria y propagandística está estrechamente relacionada con su acción política y sindical, dispersa en diarios y revistas de la época, a la espera de que. algún día, sea recopilada y sacada a la luz. No conocemos exactamente la fecha de su llegada al país pero, seguramente, su actividad pública comienza con la agitación con la guerra con Chile, cuyo estallido en 1901 se consideraba inminente. Gabriela Coni viaja en ese momento con su esposo a un congreso médico que tiene lugar en Santiago de Chile. Cruza los Andes, contra los consejos médicos que la advertían del peligro que el viaje constituía para su dolencia cardíaca. Su objetivo es realizar una conferencia en el Teatro Municipal de la capital trasandina, en la que se dirige a las madres y esposas de los gobernantes, apelando a su condición de mujeres opuestas a la guerra. Repite poco después esa conferencia en Buenos Aires, en abril del mismo año, proponiendo ahora la creación de una organización denominada Liga Americana de Mujeres para la Paz y el Progreso. En esa conferencia se dirige a las mujeres diciendo:

“Si desgraciadas circunstancias acercaran mañana una guerra, tendríamos todos que pagar el mismo tributo; tributo que no se paga en oro sino en esta otra moneda mucho más preciada, acuñada a semejanza propia durante el lento trabajo de nuestras entrañas; moneda muy querida, cautelosamente guardada pues nos ha costado mucho y nos costará aún mucho, hasta que la muerte cierre nuestros ojos.”

En el año 1901 se inician también sus colaboraciones en La Vanguardia, periódico del Partido Socialista, en cuyas filas ingresa. Dirige su actuación a luchar por la promulgación de una ley que protege a las mujeres y los menores en las fábricas y a perseguir el cumplimiento de las escasas ordenanzas municipales existentes, las que regulaban tan sólo algunos aspectos edilicios y de higiene de los talleres y fábricas porteñas. En el año 1902 es nombrada inspectora ad honorem de fábricas y talleres de la Municipalidad de Buenos Aires. Como fruto de la experiencia obtenida en el desempeño de este cargo, redacta el Proyecto de Ley de Protección del trabajo de la mujeres y los niños en las fábricas, que constituye el antecedente directo de la ley 5.291, promulgada en el año 1907, por iniciativa de Alfredo L. Palacios, primer diputado socialista de América. Escribe diversos proyectos de propaganda y divulgación, entre ellos, La higiene en los lavaderos de Buenos Aires. Causas de la tuberculosis en la mujer y el niño obreros, Cocinas Populares, Higiene industrial – este último elaborado sobre sus inspecciones en las manufacturas de tabacos- A las obreras, y un importante número de artículos, comentarios, notas, tanto en órganos de prensa partidarios como en diarios y revistas de la más diversa índole, desde los Anales de la Sociedad Científica argentina hasta diferentes entregas del Almanaque Socialista. La prensa de la época también da noticias de un drama en cuatro actos titulado Triunfando, seguramente inédito, sobre la lucha de las obreras alpargateras de un establecimiento fabril de la ciudad de Buenos Aires. Por las fuentes de la época sabemos que fue puesto en escena en diversas organizaciones sindicales y femeninas – como parte de la acción solidaria con el conflicto – pero, hasta el momento, no se ha encontrado ejemplares del mismo.
Su contacto con las organizaciones obreras femeninas como la Unión Gremial femenina, diferentes sociedades obreras por oficio, modistas de la provincia de Córdoba o las alpargateras de Barracas, la vincula estrechamente a las luchas del movimiento obrero. Las trabajadoras de este último gremio la proponen como representante en las discusiones que llevan a cabo con los patrones, por la obtención de diferentes mejoras salariales y en las condiciones de trabajo. En el pensamiento de Gabriela Coni, como en en algunas corrientes dentro del pensamiento socialista, la defensa de la mujer como obrera y como madre se subordina a la defensa de la familia proletaria, y estas posiciones se van acentuando en sus últimos escritos. El trabajo de la mujer, que en algunos casos era un indicador del éxito alcanzado en la tarea de la emancipación femenina, bajo otro punto de vista constituía la causa del debilitamiento de sus reservas físicas, necesarias para el mantenimiento y reproducción de la familia obrera. Por otro lado, si el trabajo de la mujer era imprescindible para el mantenimiento de la familia, más que un símbolo de liberación, el hecho se interpretaba como síntoma de la insuficiencia del salario masculino y, finalmente, se consideraba como un elemento más de la opresión capitalista sobre la familia obrera.

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Mientras desarrolla esta tarea sindical, Gabriela L. de Coni ocupaba también puestos relevantes en la estructura partidaria, llegando rápidamente a convertirse en miembro del Comité Ejecutivo del PS (…. ) Dato difícil de probar, la mitología partidaria la consigna como la primer mujer que habló en sus campañas electorales, habiendo contribuido al triunfo del Dr. Alfredo L. Palacios. Sin embargo, tal vez como fruto de su estrecho contacto con el medio obrero, Gabriela Coni comienza a encontrar insatisfactoria la lucha parlamentaria que constituye el eje de lucha del PS. Las páginas de La Vanguardia dan cuenta de la evolución de su pensamiento hacia las posiciones del sindicalismo revolucionario. En 1905 plantea públicamente las dudas que origina la estrategia partidaria, centrada en la lucha por la obtención de un mayor número de representantes en el Parlamento:

“Presentimos errores en nuestro partido, pero ¿cuales?... y un vago temor se apodera del que piensa (…). Para el proletariado, la lucha parlamentaria tan cortés, tan burguesa, tan desigual como número, tan desalentadora como resultado, la impulsa llevar a otro terreno su lucha de clase.”
Este proceso de crítica interna, culmina en el Congreso de Junín, en el que invita a los simpatizantes sindicalistas a hacer ‘rancho aparte’. Gabriela L. de Coni encabeza el grupo de las fraccionistas junto con otras destacadas figuras partidarias. Comienza a colaborar en el periódico La acción sindicalista, órgano de esta tendencia, y continúa colaborando en las diversas acciones obreras del período. Muere en enero de 1907 a los 41 años de edad.
Como con tantas otras mujeres, deberá algún día hacerse justicia con Gabriela de Laperriére de Coni. Doble justicia, una referida al reconocimiento de su vida y su obra, cuando ambas formen parte del país en el que tanto luchó. Otra, más sustantiva, cuando efectivamente se alcancen los objetivos a los que dedicó toda su vida y hombres y mujeres vivan en una sociedad más justa.


Extracto tomado de la Revista Fem, vol. VI No 21- México que tiene como referencia a Gabriela Coni y sus ficciones precursoras. Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires 1965

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